En The Mandalorian and Grogu el dúo se enfrenta a su mayor oponente hasta el momento: el peso de cargar con el regreso de Star Wars a la gran pantalla
La cinta dirigida por Jon Favreau (The Mandalorian 2020, Iron Man 2008) es la primera pelicula de Star Wars en siete años, desde la terriblemente mediocre Rise of Skywalker (2019) y, por consecuencia, varios años dedicados a expandir la franquicia a través de la pantalla chica.
Así pues, el universo creado por George Lucas y ahora liderado por Disney y compañía es demasiado rico, demasiado extenso para quedarse en la televisión y de una manera u otra siempre encontraría su lugar a las pantallas del cine pero ¿es esta cinta la opción correcta para este esperado regreso?
La respuesta es un poco más complicada que eso.
The Mandalorian and Grogu sigue al cazarrecompensas mandaloriano Din Djarin (Pedro Pascal) y su joven aprendiz Grogu (por siempre Baby Yoda para el público general) quienes han sido contratados los temibles líderes criminales Hutts para encontrar al heredero fugitivo Rotta (Jeremy Allen White), esto a cambio de importante información que servirá para ayudar a la Nueva República.
El guión escrito por Jon Favreau, Dave Filoni (el recién nombrado presidente de LucasFilm) y Noah Kloor, logra funcionar como un stand alone que puede disfrutarse sin necesidad de estar familiarizado con la serie de Disney+. Sin embargo, también se ve limitado por su intento de atraer a todo tipo de audiencias.
De hecho, esa sensación parece estar presente desde el origen mismo del proyecto. Inicialmente, Favreau escribió esta historia como la cuarta temporada de The Mandalorian, antes de que fuera transformada en un largometraje. El cambio ayuda a entender por qué gran parte de la película conserva la estructura y el ritmo de la serie, pero también expone una de sus mayores debilidades.
Y es que quizás el mayor pecado de The Mandalorian and Grogu es que juega a lo seguro en todo momento. La historia es tan sencilla que por momentos da la impresión de estar viendo varios episodios de la serie que, por alguna razón, fueron unidos para proyectarse en la pantalla grande.
Asimismo, la película no se molesta en ofrecer una razón que justifique su salto al cine: las aventuras de Mando y Grogu continúan siendo de bajo riesgo en el gran esquema de las cosas, los efectos especiales no presentan algo especialmente distinto a lo ya visto en la pantalla chica y es el compositor ganador del Óscar, Ludwig Göransson, quien termina siendo uno de los pocos elementos que realmente se permite experimentar a través de una cautivadora banda sonora.
Sin embargo, dicha simplicidad también puede ser considerada también como una virtud, ya que en una época el cine comercial parece obsesionado en construir universos interconectados y convertir cada película en una pieza dentro de una maquinaria mucho más grande, The Mandalorian and Grogu apuesta por algo sorprendentemente sencillo: la emoción de la aventura.
Por momentos, la cinta recuerda a clásicos del cine de aventuras de los años 80 como Indiana Jones and the Temple of Doom (1984), donde el objetivo principal era invitar al espectador a embarcarse en una travesía por lugares fantásticos y desconocidos. Durante décadas ese tipo de historias dominó Hollywood, convirtiéndo la aventura en uno de los géneros más queridos y populares del cine comercial. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquel espíritu pareció perder fuerza, quizás desplazado por el auge de las películas de superhéroes.
Pero The Mandalorian and Grogu recupera esa esencia en su forma más pura. La película pone toda su atención en la misión que el mandaloriano y su hijo adoptivo deben cumplir, por lo que permite que el viaje sea un verdadero espectáculo.
Y en el centro de todo continúa estando el mayor acierto de la historia: la relación entre Din Djarin y Grogu. Favreau entiende perfectamente que la dinámica entre ambos personajes fue lo que convirtió a la serie en un fenómeno desde el principio, por lo que continúa siendo el corazón emocional de la película. Aunque la historia no profundiza demasiado en sus protagonistas ni los lleva hacia territorios nuevos, el carisma de ambos resulta suficiente para sostener gran parte del recorrido.
La cinta también triunfa al recuperar algo que siempre ha hecho especial a Star Wars: la inmensidad de su universo y la creatividad que surge a partir de él. Criaturas extrañas, nuevas especies y escenarios que se sienten vivos vuelven a recordar por qué esta galaxia continúa siendo uno de los mundos de ficción más fascinantes del cine.
En conclusión, The Mandalorian and Grogu quizás no sea una película particularmente ambiciosa ni una entrega que transforme el rumbo del icónico universo creado por George Lucas. Tampoco es una producción interesada en reinventar la franquicia. Pero sí consigue algo que a veces parece olvidarse en el cine actual: recordarnos lo divertido que puede ser entregarse a vivir una aventura.
Después de siete años lejos de la pantalla grande, regresar a una galaxia muy muy lejana para acompañar a entrañables y queridos personajes en una nueva misión termina siendo, al final, más que suficiente.
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